Alerta mundial por el super El Niño 2026
En las últimas semanas, las probabilidades de que el fenómeno climático El Niño reaparezca este año han aumentado considerablemente. Este fenómeno forma parte de la Oscilación del Sur de El Niño (ENSO, por sus siglas en inglés), un patrón climático natural caracterizado por variaciones en la temperatura superficial del océano Pacífico.
El Niño y su fase opuesta, La Niña, representan dos caras de este ciclo.
Durante El Niño, las aguas del Pacífico central y oriental se calientan más de lo habitual, lo que puede tener efectos significativos en el clima global, incluyendo alteraciones en los patrones de lluvia y temperatura. Por otro lado, La Niña implica un enfriamiento de estas mismas áreas oceánicas.
Estos episodios climáticos tienden a ocurrir cada dos a siete años y suelen durar entre nueve y doce meses. El aumento actual en la probabilidad de que El Niño se presente este año ha generado atención en las comunidades científicas y agrícolas, debido a las posibles repercusiones en la agricultura, la pesca y el manejo de recursos hídricos en diversas regiones del mundo. Mantenerse informado sobre la evolución de este fenómeno es crucial para prepararse ante sus impactos potenciales.
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Las señales meteorológicas advirtieron sobre la posible llegada del fenómeno climático El Niño, cuya intensidad genera incertidumbre en la comunidad científica global. Los modelos actuales sugirieron la formación de un evento fuerte, denominado coloquialmente como Súper El Niño o El Niño Godzilla, que preocupa por sus potenciales consecuencias sobre el clima del planeta. Este proceso, que ocurre en el Pacífico central y oriental, altera las temperaturas superficiales del mar y transforma drásticamente los patrones de precipitaciones y sequías en diversas regiones.
El fenómeno de la Oscilación del Sur de El Niño, o ENSO por sus siglas en inglés, alterna entre fases cálidas y frías conocidas como El Niño y La Niña. Actualmente, las condiciones en el Pacífico permanecen neutrales tras el paso de La Niña entre 2024 y 2025.
Sin embargo, los expertos observaron una probabilidad cercana al 33% de que las temperaturas en el Pacífico tropical superen en 1,5 °C la media histórica entre octubre y diciembre de este año. Tim Stockdale, representante del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo, señaló a la BBC que el término Súper El Niño busca identificar eventos de gran magnitud, similares a los registrados en 1997-1998 o 2015-2016, donde las anomalías térmicas superaron los 2 °C.
A pesar de las advertencias, la científica Kimberley Reid, de la Universidad de Melbourne, calificó el uso de términos alarmistas como una tontería. Reid sostuvo en declaraciones a la BBC que la magnitud del impacto climático no depende exclusivamente de la temperatura en el Pacífico, sino de factores regionales complejos.
Medición del clima
La experta comparó la medición del clima con el índice de masa corporal, donde un valor elevado no siempre implica riesgos de salud. No obstante, el impacto histórico de estos eventos es innegable. Entre 1876 y 1877, un fenómeno de gran intensidad causó hambrunas globales y provocó la muerte de más de 50 millones de personas en India, China y Brasil, según datos recopilados por la BBC y la Universidad Estatal de Washington.
La posibilidad de una crisis similar hoy genera debates intensos. Deepti Singh, profesora de la Universidad Estatal de Washington, explicó a la BBC que, si bien las sequías severas pueden repetirse, la diferencia radica en la capacidad de respuesta moderna.
Los avances en monitoreo satelital y redes de boyas oceánicas, implementados a partir de los años 80, permiten hoy seguir la evolución del clima en tiempo real. Kevin Trenberth, científico climático que participó en el desarrollo de estos sistemas tras el evento de 1982, destacó que el mundo cuenta hoy con más de 4000 instrumentos de medición en el Pacífico. Esta tecnología permite una preparación superior frente a los riesgos alimentarios y económicos que un evento de este tipo conlleva.
Mitigar efectos sobre las poblaciones vulnerables
La historia reciente demuestra que las predicciones no siempre se cumplen. En 2017, los modelos anticipaban la llegada de El Niño, pero las condiciones climáticas derivaron finalmente en La Niña. Este fenómeno, denominado barrera de predictibilidad, obliga a los especialistas a mantener la cautela.
Si bien el cambio climático altera la frecuencia de estos extremos, la preparación sigue como la herramienta principal para mitigar efectos sobre las poblaciones vulnerables. El desafío de los próximos meses radica en interpretar de forma responsable los datos disponibles, lo que evita el pánico innecesario y apuesta por estrategias globales que reduzcan la vulnerabilidad ante eventos climáticos severos. La colaboración internacional permanece como el eje central para enfrentar los impactos de esta posible anomalía térmica que mantiene en alerta a los meteorólogos de todo el planeta.
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Prensa LOV/Carmen Cecilia Guerra





