El Niño podría alterar el clima durante décadas de forma irreversible
El fenómeno de El Niño que se ha formado este año, puede suponer un punto de inflexión en el clima de la Tierra. Aunque se espera que termine durante 2027, los expertos advierten de que sus efectos podrían prolongarse durante décadas e incluso provocar cambios permanentes en algunos ecosistemas y regiones del planeta.
El Niño de 2026-27 es, a priori, el más intenso registrado. Con ese dato sabemos que Tierra se enfrentará a uno de los episodios climáticos más extraordinarios de las últimas décadas. Además, las previsiones apuntan a que podría seguir fortaleciéndose en las próximas semanas alcanzando su máximo a finales de año.
Preocupa su magnitud, pero también que sus consecuencias continúen manifestándose mucho después de que desaparezca. Cada vez que El Niño aparece cíclicamente, estamos acostumbrados a experimentar su impacto en mayor o menor grado. Habitualmente altera los patrones de lluvias, sequías y temperaturas en buena parte del mundo.
Después, las condiciones oceánicas regresan progresivamente a la normalidad y el sistema climático recupera cierto equilibrio. Pero esta vez podría ser diferente, porque este episodio se está desarrollando sobre un planeta que ya acumula un calentamiento considerable como consecuencia de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Un súper El Niño que puede batir todos los récords
El Niño se produce cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental se calientan por encima de sus valores habituales. Este calentamiento está relacionado con cambios en los vientos alisios y en la circulación oceánica, que permiten que grandes cantidades de agua cálida acumulada en el Pacífico occidental se desplacen hacia el este.
Se considera que se ha desarrollado un episodio de El Niño cuando las temperaturas superficiales del océano superan determinados umbrales respecto a sus valores medios. En la región de referencia, El Niño 3.4, del Pacífico ecuatorial central, una anomalía positiva de 0,5 °C sostenida durante varios meses es el criterio utilizado para identificar el fenómeno.
El Niño podría alcanzar su máxima intensidad hacia el final de 2026. Así lo muestran los datos de los diferentes centros de predicción. Más allá de esas fechas, los pronósticos, aunque menos fiables, apuntan al inicio de un debilitamiento gradual de El Niño durante los primeros meses de 2027.
Las previsiones sugieren que este súper El Niño podría llegar a su fin en junio de 2027. Algunos escenarios, sin embargo, se prolongan hasta bien entrado el verano del hemisferio norte. Lo verdaderamente excepcional es que sus consecuencias podrían mantenerse durante mucho más tiempo.
¿Por qué este El Niño podría cambiar el clima para siempre?
Una de las grandes preocupaciones de la comunidad científica es la posibilidad de que se produzcan cambios de régimen climático. Se trata de modificaciones relativamente rápidas y persistentes en el comportamiento de una región o de un componente del sistema climático, que puede pasar a funcionar de una manera diferente a la que conocíamos.
Que el Niño coincida con un periodo más cálido del planeta. No significa necesariamente que todo el planeta vaya a experimentar un cambio irreversible. Si hay determinadas regiones que podrían alcanzar un nuevo equilibrio climático del que resulte complicado salir.
Los episodios de super El Niño, como el que se ha formado en 2026-27, pueden favorecer estas transformaciones, especialmente cuando coinciden con un calentamiento global que ya está modificando las condiciones ambientales.
Varios estudios han analizado cómo los episodios extremos de El Niño, combinados con el aumento de la temperatura media del planeta, pueden incrementar la probabilidad de que se produzcan cambios abruptos y persistentes en diferentes componentes del sistema climático.
La Amazonia entre los ecosistemas más amenazados
Entre los muchos puntos del planeta donde este super El Niño puede impactar se encuentra la selva amazónica. Cuando se registra un episodio intenso del fenómeno, llegan condiciones más secas y cálidas a amplias zonas de la cuenca amazónica. Mientras, sus efectos pueden variar considerablemente de unas regiones a otras.
Si durante los próximos meses se desarrolla una sequía excepcional, grandes extensiones de bosque podrían sufrir un estrés hídrico muy importante. La falta de agua, combinada con temperaturas elevadas y un mayor riesgo de incendios forestales, podría provocar la muerte de numerosos árboles y alterar profundamente el funcionamiento del ecosistema.
El problema es que la Amazonia no depende exclusivamente de la humedad que llega desde el océano Atlántico. Una parte considerable de sus precipitaciones procede del agua que los propios árboles liberan a la atmósfera mediante la evapotranspiración.
Cuando desaparece una superficie importante de bosque, disminuye esa aportación de humedad y pueden reducirse las lluvias, favoreciendo condiciones todavía más secas. Se genera así un círculo de retroalimentación en el que menos árboles significan menos humedad atmosférica, menos precipitaciones y mayores dificultades para que el bosque se recupere.
Si este proceso alcanza una magnitud suficiente, determinadas zonas de la Amazonia podrían experimentar una transformación duradera hacia ecosistemas más secos y con una vegetación diferente. A ello habría que añadir la liberación a la atmósfera de parte del carbono almacenado durante décadas, contribuyendo a intensificar el calentamiento global.
El Niño podría impulsar un nuevo récord de temperatura global en 2027
Otro de los efectos más importantes del actual episodio será su influencia sobre la temperatura media del planeta. Durante los episodios intensos de El Niño, el océano Pacífico libera grandes cantidades de calor hacia la atmósfera, contribuyendo a elevar temporalmente la temperatura media global y favoreciendo la aparición de nuevos récords térmicos.
El calentamiento no se limita al Pacífico, ya que a través de los cambios en la circulación atmosférica la influencia de El Niño puede extenderse a numerosas regiones del planeta. Algunas proyecciones apuntan a que 2026 podría terminar con una temperatura media global próxima a 1,6 °C por encima de los niveles preindustriales.
Para 2027, algunos escenarios contemplan que esa anomalía térmica pueda alcanzar o incluso superar los 1,7 °C. De confirmarse estas cifras, estaríamos ante otro salto importante en la temperatura media del planeta, con consecuencias que irían mucho más allá de las anomalías térmicas del océano Pacífico.
Conviene recordar que superar temporalmente los 1,5 °C de calentamiento global durante un año no significa que se haya rebasado definitivamente el objetivo del Acuerdo de París, que se refiere al calentamiento sostenido durante periodos mucho más largos.
El Niño no es el responsable del calentamiento global a largo plazo, pero sí puede amplificar temporalmente sus efectos. Además, la respuesta de la temperatura global suele producirse con cierto retraso respecto al máximo calentamiento del Pacífico, por lo que algunos de los efectos más importantes del episodio actual podrían manifestarse durante 2027.
¿Qué sucederá cuando termine El Niño en 2027?
Aunque el actual episodio está alcanzando valores extraordinarios, no durará indefinidamente. El propio funcionamiento del océano Pacífico contiene mecanismos que terminan debilitándolo y que están relacionados con la redistribución del calor oceánico y los cambios en la circulación de las aguas.
La formación del Niño también implica que se formen ondas oceánicas que viajan miles de kilómetros y pueden modificar la profundidad de la termoclina. Esta es una zona de transición entre las aguas superficiales cálidas y las más frías que se encuentran a mayor profundidad. Entre esas ondas planetarias, destacan las ondas de Rossby y de Kelvin, que son fundamentales durante el periodo de vida de El Niño.
Cuando determinadas ondas oceánicas favorecen el ascenso de aguas más frías hacia la superficie del Pacífico oriental, las anomalías cálidas comienzan a debilitarse y el fenómeno puede llegar a desaparecer.
Pero no todos los episodios de El Niño terminan de la misma manera. El intenso El Niño de 1997-1998 concluyó con un enfriamiento muy rápido de las aguas del Pacífico oriental, seguido de un episodio prolongado de La Niña. En cambio, el episodio de 2015-2016 se debilitó de forma más gradual.
Por eso, a estas alturas del otoño resulta complicado anticipar cómo finalizará el actual episodio y si posteriormente se desarrollará una fase de La Niña. Lo que sí sabemos es que la desaparición de las anomalías cálidas del Pacífico no implica necesariamente que todos sus efectos sobre el clima desaparezcan al mismo tiempo.
El impacto continúa después de El Niño
La influencia de El Niño no caduca cuando este desaparece. Hoy sabemos que meses después de terminar el calentamiento del Pacífico puede aún afectar el clima. Uno de los ejemplos más conocidos es el vecino océano Índico, que puede mantener anomalías cálidas después de determinados episodios de El Niño.
Cuando hay un exceso de energía, los cambios de temperatura pueden modificar la circulación atmosférica. Ante ese nuevo escenario, pueden registrarse precipitaciones intensas en algunas regiones próximas. También existen antecedentes de inundaciones extraordinarias que se produjeron después de que terminara un episodio intenso.
Las consecuencias pueden extenderse también a los ecosistemas marinos. Las temperaturas oceánicas excepcionalmente elevadas favorecen las olas de calor marinas, que pueden provocar episodios de blanqueamiento masivo de corales, alterar las poblaciones de peces y modificar la distribución de numerosas especies.
Cuando el calentamiento se prolonga y se hace cada vez más intenso, algunos ecosistemas pueden perder buena parte de su capacidad de recuperación. Hay un buen número de ellos que se ven afectados en diferentes lugares del planeta. Uno especialmente vulnerable es la Gran Barrera de Coral australiana. Cuando el calor es recurrente, se agravarán los daños acumulados durante las últimas décadas.
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Prensa LOV/Carmen Cecilia Guerra
El Tiempo
