La Organización Mundial de la Salud (OMS) dejó claro que la inteligencia artificial jugará un papel esencial en el futuro de la atención sanitaria.
Así lo afirmó su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, subrayando que “la IA ya desempeña un papel en el diagnóstico y la atención clínica, el desarrollo de fármacos, la vigilancia de enfermedades, la respuesta a brotes y la gestión de los sistemas de salud”.
Para la OMS, no se trata solo de una opción tecnológica más, sino de una transformación digital que debe beneficiar a todos.
La visión de la OMS es clara: fomentar un ecosistema de inteligencia artificial que sea seguro, equitativo y alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Su compromiso pasa por garantizar que la IA contribuya a mejorar la salud global sin dejar a nadie atrás.
Esta urgencia se ve agravada por la velocidad a la que avanza la tecnología frente al lento desarrollo de marcos regulatorios eficaces. Por ello, la organización trabaja en estructuras de gobernanza sólidas, estándares éticos y políticas basadas en evidencia, con el fin de asegurar la confianza, la transparencia y el respeto a los derechos humanos.
La OMS también apuesta por una acción colectiva. Está desarrollando modelos sostenibles para implementar programas de IA a nivel nacional, promoviendo soluciones accesibles y eficaces para sistemas de salud diversos.
A través de grupos de expertos y colaboración entre partes interesadas, busca mitigar riesgos, salvaguardar la salud pública y fortalecer la equidad en el acceso a la innovación. En definitiva, visualiza un futuro en el que la IA sea una fuerza para la equidad, la innovación y la integridad ética en la atención sanitaria.
Desde España, el presidente de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Sespas), Eduardo Satué, ha respaldado el planteamiento de la OMS, aunque con matices.
En declaraciones a GM, Satué destaca que “no se pueden poner puertas al campo. La inteligencia artificial ha venido para quedarse. Va a ser tan habitual como los mensajes electrónicos o las aplicaciones móviles”.
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Sin embargo, advierte que esa implantación debe ir acompañada de una regulación adecuada. “Hay que garantizar que cumple con los códigos éticos y criterios de buenas prácticas. La OMS pretende justamente eso: evitar un escenario de ‘salvaje oeste’ y promover un entorno donde se respeten los principios bioéticos y los derechos humanos”, explica.
Uno de los mayores retos, señala Satué, es que las recomendaciones de la OMS deben traducirse en normas legales en cada país. “La Unión Europea ha dado un primer paso, pero las grandes potencias en IA, como China y Estados Unidos, también deben integrarlas. Si no, se convierte en una herramienta que mal usada puede ser nociva para los pacientes”, advierte el presidente de Sespas.
Entre los riesgos más graves, Satué menciona el uso indebido de los datos médicos.
“Si los algoritmos se guían por intereses económicos o si la privacidad no está protegida, podríamos generar daño en lugar de beneficio. Imagínese que una aseguradora accede a datos filtrados para cobrar más a una persona por su estado de salud”.
Además, el presidente de Sespas también expresó su opinión sobre una reciente encuesta en Estados Unidos indica que el 60% de los ciudadanos no se siente cómodo compartiendo datos médicos con sistemas de IA. Su punto de vista parte de que esta desconfianza nace del hecho de que la gente “no se sabe cuáles son las reglas de juego”, ya que muchas de las inteligencias artificiales actuales “pertenecen a compañías con intereses propios” y aún no están claramente reguladas.
Por eso, insiste en que la regulación debe llegar cuanto antes. En concreto, Satué asegura que “la IA no es inteligente, no sabe lo que hace”, y que, por tanto, no puede operar sin supervisión humana. La compara con “un loro que repite lo que ha escuchado”, y subraya que confiar ciegamente en sus resultados es un error. En cambio, utilizada con criterio y dentro de un marco normativo robusto, puede ser una herramienta de gran valor para apoyar la labor clínica.
El presidente de Sespas concluyó con una reflexión esperanzadora: “La inteligencia artificial no va a sustituir a los profesionales sanitarios”. Sin embargo, afirma que “los profesionales que sepan manejar estas herramientas sustituirán a quienes no lo hagan”. Para él, el camino está claro: aprovechar las posibilidades de la IA, siempre que se ponga a las personas en el centro.
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Prensa LOV/Carmen Cecilia Guerra
Agencia
