Rumbo a los altares, Varias arquidiócesis impulsan campañas para que la Iglesia Católica reconozca labor de hombres y mujeres de fe. Revisan dos milagros de la beata madre María de San José para postularlos al Vaticano y poder lograr su canonización.
Venezuela cuenta con muchos personajes que son reservorio de fe católica y servicio al prójimo que tienen abierto expediente en el Vaticano para llegar al altar.
A la fecha, son más de 20 los criollos y extranjeros que hicieron vida en el país que ostentan los títulos de siervo de Dios, venerables y beatos.
A lo largo del tiempo, las diócesis de Caracas, Cumaná, Maracaibo, Valencia, Calabozo, San Cristóbal y Mérida, entre otras, incluso fuera del territorio nacional, impulsan los procesos para que obispos, monjas, fundadoras de congregaciones, padres, madres de familia y hasta políticos, ingresen a la Causa de los Santos por su modelo de vida cristiana y labor social.
En la actualidad se contabilizan unas 12 personas con el título de siervo de Dios, cuatro venerables, tres beatas y un beato, además de al menos tres postulados a ser beatificados de los que se estudian sus virtudes heroicas arraigadas en la fe católica, obras de índole educativo, salud, iglesias y fundación de organizaciones.
En la actualidad, se registran cerca de 12 personas con el título de siervo de Dios, cuatro reconocidas como venerables y dos beatas. Además, otros candidatos se encuentran en estudio para su beatificación, mientras el Vaticano examina sus virtudes heroicas y el legado de su fe reflejado en obras educativas, de salud, evangelización y acción social.
Siervos de Dios
Entre los que han sido merecedores del título, destacan mujeres y hombres que realizaron labores educativas y de salud, como la madre Lagrange fundadora de la Congregación de las Hermanas Franciscanas en 1890. Su proceso de beatificación comenzó en 2012 y un año más tarde fue declarada sierva.
También está la madre Georgina, quien fundó una congregación de Hermanas Dominicas en Santa Rosa de Lima en 1890. Tuvo una trayectoria moral y social reconocida.
El 28 de junio de 2005 la arquidiócesis del estado Mérida inició su proceso de beatificación y ese mismo año lograron su nombramiento como sierva.
Igualmente, monseñor Sixto Sosa Díaz, de Tinaco, Cojedes, cofundador de la Congregación Madre Candelaria y quien patrocinó hospitales, ancianatos y escuelas. Otro es monseñor Tomás San Miguel, primer obispo de la diócesis de San Cristóbal, Táchira, creada en 1922 por Pío XI. Fue designado siervo en 2002.
Por su parte, monseñor Miguel Salas fue el primer sacerdote eudista venezolano.
Cursó estudios de filosofía y teología. Murió en 2003 en un accidente y la causa de su beatificación la lleva la arquidiócesis de Mérida desde 2015.
En ese mismo orden, monseñor Salvador Montes de Oca, quien luchó contra la dictadura de Juan Vicente Gómez y por supuestamente ayudar a las facciones antialemanas, fue asesinado en Italia a tiros por soldados nazis italianos. Es siervo desde mayo de 2016.
Igualmente, el padre Luis Tinoco Yépez tuvo una relevante trayectoria cristiana. Su vocación la desarrolló en Los Teques, Miranda, donde fue párroco de la capilla El Carmen. Ocupa el primer escalón a ser santo desde 1999 y su cuerpo permanece en el Cementerio Monumental de la capital mirandina.
El Apóstol de Barlovento, cuyo nombre es José Zapico, también es siervo y es conocido por su labor cristiana debido a sus buenas causas. Su cuerpo permanece en la iglesia de San José de Barlovento, espacio que él construyó.
Un caso poco común es el de los Calvani, cuya campaña por la santidad fue lanzada en 2012 por la arquidiócesis de Caracas, buscando que se les reconozca a Arístides Calvani y su esposa Adela Abbo Fontana su labor católica. Arístides fue un político y académico que estuvo a favor de las enseñanzas sociales de la Iglesia.
Además, a la seglar María Geralda Guerrero García, conocida como Medarda Piñero, una madre de familia que se consagró al servicio del prójimo hasta su muerte en 1972, el papa Juan Pablo II le confirió el título de sierva en 2002.
Otro es don Lucio León, quien hasta su muerte en 2010 vivió una vida religiosa común. El laico vendía productos en San Cristóbal y era obrero. El proceso de beatificación comenzó junto con el del sacerdote Martín Martínez en 2017.
Por otro lado, María Medrano de Biankini, de Monagas, la primera vez que vio las apariciones de la Santísima Virgen en Finca Betania, se convirtió en una consejera y alrededor de ella se formó un grupo que siguieron, por esa razón una diócesis de Nueva Jersey, Estados Unidos, emprendió la causa para su santidad.
Un caso bastante particular es el de Amanda Ruiz Suárez, que con solo siete años supo transmitir alegría a todos sus allegados, por eso es un símbolo para sacerdotes, familiares y fieles laicos. A los tres años le diagnosticaron leucemia y desde entonces hasta su muerte en 2005 cumplió la labor de dar alegría a sus padres y prepararlos para su propia muerte.
Desde noviembre de 2018 el Vaticano la nombró sierva.
Hay otros que tienen este título como son la hermana María Bogotá, la madre Lucía la Santa Faz y los monseñores Arturo Álvarez y Eduardo Boza Masvidal.
Postulados.
Actualmente, están postulados a siervos de Dios los cofundadores de la red Fe y Alegría, Abraham Reyes y Patricia García de Reyes, de acuerdo con el anuncio hecho el pasado 12 de mayo por la Conferencia Episcopal Venezolana.
La pareja Reyes ha sido una causa por más de 20 años del sacerdote jesuita Joseba Lazcano, y designado responsable de la misma, tras la recopilación del archivo biográfico, con testimonios de personas que los conocieron.
Entre tanto, la Iglesia entregó el pasado 3 de marzo de 2021 al Vaticano la causa de beatificación de José Alí Lebrún, el segundo cardenal que tuvo Venezuela y dos veces presidente de la Conferencia Episcopal (1984 y 1990).
El proceso para la aprobación del título de siervo debe estar precedido por una investigación que certifique su vida y lugar de muerte, y es por eso que su diligencia pretende valorar la trayectoria de Lebrún, que ejerció varios cargos como sacerdote, obispo y administrador apostólico, siendo en 1983 cardenal y asignado a la basílica de San Pancracio en Roma por Juan Pablo II.
Igualmente, hace casi tres años se inició el proceso por la causa del padre Cesáreo Gil, conocido como padre Gil.
El primer intento para la solicitud del proceso fue en 2005, pero fue interrumpido. Realizó un trabajo intenso a lo largo de 50 años, y llegó a ser considerado apóstol del laicado y las vocaciones.
Venerables.
En trámite, y que ya han alcanzado la categoría de venerables, destaca la monja Emilia de San José. Su proceso se inició en 1957, y en 1979 fue declarada sierva de Dios. Posteriormente, tras la aprobación de sus virtudes heroicas, y coincidiendo con el centenario de su nacimiento, el papa San Juan Pablo II la proclamó venerable el 23 de diciembre de 1993.
También está la madre Marcelina Aveledo, quien se dedicó al oficio del auxilio y cuidado de los enfermos en los hospitales, sobre todo en Colombia. Asimismo, está en trámite la beatificación desde 1986 y, por virtudes heroicas, Benedicto XVI la declaró venerable en 2012.
Tomás Morales es otro que se consagró a su sacerdocio hacia los laicos y poseedor de una rica experiencia espiritual y educativa. Su causa de beatificación inició en el 2000 en la arquidiócesis de Madrid, España, y por virtudes heroicas es designado venerable en 2008.
Beatos.
En la penúltima etapa del camino hacia la santidad se encuentra la madre María de San José, quien, tras más de tres décadas de su beatificación, podría estar próxima a ser canonizada.
El milagro que permitió su beatificación ocurrió en 1982, cuando la hermana Teresa Silva, quien se encontraba inválida, recuperó inexplicablemente la movilidad por intercesión de la madre María de San José. Este hecho fue reconocido oficialmente por el Vaticano, y el 7 de mayo de 1995 se celebró su beatificación.
Ahora, treinta años después, la esperanza de su canonización renace. En septiembre pasado, la Congregación Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús anunció que estudia dos posibles milagros atribuidos a la intercesión de la beata.
La madre Gracelia Molina, vicepostuladora de la causa, explicó que si se comprueban fundamentos sólidos en alguno de los casos, el expediente será enviado al Vaticano para su evaluación.
“Estamos trabajando fuertemente en un caso de lupus eritematoso sistémico, una enfermedad considerada incurable. En este caso, la persona beneficiada ha mostrado resultados completamente negativos en todos los exámenes”, detalló Molina en una entrevista radial.
El segundo caso en estudio corresponde al nacimiento prematuro de una bebé de apenas 24 semanas de gestación, quien sobrevivió contra todo pronóstico. “Clínicamente se consideraba un aborto, pero la niña nació viva y hoy está completamente sana”, relató la vicepostuladora.
Por su parte, la madre Candelaria de San José, nacida en Altagracia de Orituco, estado Guárico, fue la segunda beata venezolana reconocida por la Iglesia católica. Su proceso de beatificación se inició el 22 de marzo de 1969 en Caracas, impulsado por los testimonios de su santidad y virtudes heroicas.
A la madre Candelaria de San José en 2008, la segunda beatificada se comprobó el milagro de salvar la vida de una niña, cuya madre presentó un embarazo de alto riesgo.
El papa Benedicto XVI firmó el decreto de beatificación el 6 de julio de 2007, y la ceremonia se celebró el 27 de abril de 2008 en el Estadio Universitario de Caracas.
De confirmarse alguno de los milagros, que están en investigación, de María de San José, Venezuela podría presenciar un nuevo paso histórico en su fe: la proclamación de su segunda santa nacida en el país, cuya vida de entrega y servicio continúa inspirando a generaciones de creyentes.
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Prensa LOV/Carmen Cecilia Guerra
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