La situación política y social en Venezuela ha alcanzado un punto crítico, exacerbadamente marcado por la reciente designación del Cártel de los Soles como organización terrorista extranjera por parte del presidente estadounidense Donald Trump. Esta decisión, que aparentemente entrará en vigor este 24 de noviembre, no solo intensifica las tensiones entre ambos países, sino que también tiene repercusiones directas en la salud mental de los ciudadanos venezolanos.
En un contexto donde la incertidumbre y el temor se han vuelto parte de la rutina diaria, la desinformación en redes sociales actúa como un combustible que aviva la ansiedad colectiva. La proliferación de contenidos audiovisuales generados por Inteligencia Artificial, que alertan sobre diversas amenazas y catástrofes inminentes, crea un ambiente de angustia constante. Estos mensajes, muchas veces infundados de exageración o falsas narrativas, impactan la psique de una población ya vulnerabilizada por años de crisis económica y social.
La salud mental de los venezolanos está sufriendo un deterioro alarmante.
Los comentarios en los audiovisuales demuestran el estrés crónico generado por la inseguridad a una invasión militar por parte de los estados unidos, lo que contribuye significativamente a problemas como la depresión, la ansiedad y trastornos del sueño. En este escenario, la manipulación mediática despierta temores adicionales que, en lugar de informar, confunden y desestabilizan emocionalmente a las personas.
Es imperativo abordar este fenómeno desde una perspectiva integral, que no solo contemple la identificación y tratamiento de los problemas de salud mental surgidos en este contexto, sino que también promueva una alfabetización mediática que permita a los ciudadanos discernir entre información verídica y desinformación. La resiliencia de la población depende, en gran medida, de su capacidad para enfrentar estos desafíos informativos y emocionales, transformando la zozobra en un espacio de crítica constructiva y fortalecimiento comunitario.
Así, el camino hacia la sanación mental de los venezolanos implica no sólo el apoyo en la salud psicológica, sino también la promoción de la claridad informativa en un mundo donde la verdad y la mentira se entrelazan peligrosamente. En un momento en que las tensiones internacionales podrían intensificarse aún más, es vital que los ciudadanos encuentren formas de mantener la calma y buscar el bienestar, tanto individual como colectivo.
En el contexto actual de Venezuela, la salud mental de sus habitantes se encuentra en un estado de deterioro alarmante. A medida que las tensiones entre el país y Estados Unidos continúan escalando, no solo los políticos en el exterior contribuyen a la desinformación, sino que también una serie de periodistas e influencers han tomado un papel protagónico en esta narrativa, distorsionando la realidad vivida por los venezolanos. Este fenómeno ha creado un abismo entre dos realidades: la de quienes viven dentro del país y la de aquellos que han optado por la distancia.
Las dos realidades
En las redes sociales, los venezolanos que residen fuera de su tierra natal a menudo comentan y critican las decisiones y comportamientos de los que todavía luchan día a día en Venezuela. Esta dinámica ha generado un clima de juicio que profundiza la crisis emocional de quienes no les da la gana de abandonar su hogar.
Recientemente, la participación de muchos ciudadanos en fiestas y conciertos, así como el acto de compartir decoraciones navideñas, ha suscitado controversia. Algunos han interpretado estos actos como una falta de conciencia en «medio de la crisis», lo que ha desencadenado una avalancha de críticas en las plataformas digitales.
Es crucial entender que para quienes aún viven en Venezuela, estas celebraciones son festejos; son una forma de resistencia y momentos de alegría. Sin embargo, la presión externa y el constante escrutinio pueden agudizar un sentimiento de culpabilidad y aislamiento. La zozobra se intensifica al ver cómo sus paisanos desde el extranjero, quienes no experimentan la misma realidad, les reprochan disfrutar de momentos de felicidad.
Esta polarización de la experiencia venezolana ha creado un sesgo en la percepción de la realidad, donde los que están lejos tienden a ignorar la complejidad de las emociones y situaciones de aquellos que permanecen en el país. La falta de comprensión y empatía agrava la salud mental de los venezolanos, quienes se sienten abatidos por el juicio ajeno que les recuerda constantemente su situación.
Es imperativo abordar este tema con sensibilidad y reconocimiento del sufrimiento colectivo.
La salud mental de los venezolanos necesita ser priorizada, ya sea a través de iniciativas de apoyo comunitario, acceso a servicios de salud mental o simplemente fomentando un diálogo más comprensivo y solidario entre las comunidades. En tiempos de crisis, la unión y la empatía deben prevalecer sobre la crítica y la desinformación, recordando que, aunque las realidades puedan diferir, la humanidad compartida nos conecta a todos.
En medio de esta compleja situación, es crucial hacer un llamado a la sindéresis y al sentido común.
Si usted ha tomado la decisión de abandonar el país en busca de «mejores oportunidades», es fundamental que respete la ardua labor de aquellos que han optado por quedarse y aportar su granito de arena a la recuperación de Venezuela.
Los venezolanos que permanecen en el país enfrentan retos diarios, y aunque puede ser tentador criticar desde la distancia, es importante recordar que cada uno de nosotros tiene un papel que desempeñar en esta crisis.
Si le molesta enviar remesas a sus familiares, reflexione sobre la realidad que viven.
Aquí, en suelo patrio, muchos buscan sobrevivir con lo poco o mucho que tienen. La resiliencia de los venezolanos es admirable; hemos aprendido a adaptarnos, a encontrar formas creativas de generar ingresos y a mantener la esperanza, incluso en las circunstancias más adversas.
Lo que está en juego no son solo creencias políticas, sino la vida cotidiana. Quienes se quedan atrás llevan una vida completa, con momentos de alegría, frustraciones y rutinas. Los niños asisten a clases escolares, las familias se reúnen para compartir una comida y los amigos encuentran consuelo en el apoyo mutuo. A pesar de la zozobra que nos rodea, la empatía y solidaridad siguen siendo valores arraigados en nuestra cultura.
Es vital que todos, tanto los que están dentro como fuera de Venezuela, comprendamos que la vida continúa. Cada uno de nosotros tiene el deber de contribuir positivamente, ya sea a través de recursos, apoyo emocional o simplemente reconociendo el esfuerzo de quienes persisten. Solo así podremos nutrir un sentido de comunidad que trascienda fronteras y nos permita enfrentar juntos los desafíos que se nos presentan. En la lucha por un futuro mejor, la unión y el respeto son clave para la sanación de nuestras heridas colectivas.
Es vital que tanto periodistas como políticos comprendan el peso de sus palabras y acciones.
En lugar de exacerbar las divisiones y la polarización, es hora de que se enfoquen en construir puentes que permitan a los venezolanos vivir en paz. La vida es efímera, y en medio del caos político, es fundamental recordar que detrás de cada cifra hay una historia, una familia, un sueño frustrado. La lucha por la justicia y la verdad es crucial, pero no debe hacerse a expensas del bienestar emocional de un pueblo ya exhausto.
Así, hago un llamado sincero a aquellos que tienen poder en sus manos: dejen a la gente vivir. La política puede ser necesaria y urgente, pero la vida de los venezolanos no debería ser sacrificada en el altar del debate político. En lugar de rasgarse las vestiduras por figuras que quizás ya están lejos y disfrutan de comodidades que otros no pueden ni imaginar, enfoquémonos en soluciones que prioricen la salud mental y el bienestar integral de nuestra gente.
Es momento de que se escuche la voz de quienes realmente padecen las consecuencias de estas tensiones. Los venezolanos necesitan apoyo, comprensión y, sobre todo, un ambiente propicio para sanar y reconstruir sus vidas. Es posible encontrar un camino hacia la esperanza, siempre que haya voluntad de hacerlo.
👉 Únete a nuestro canal de WhatsApp 👉 Únete a nuestro canal de Telegram
______________________________________
No te vayas sin leer: ¡El poder de las palabras! Coherencia entre la comunicación espiritual y el respeto hacia la diversidad de pensamiento
Prensa LOV/Carmen Cecilia Guerra
Ahora puede seguirnos en Instagram y en nuestra cuenta en TikTok
