Estados Unidos vive una oleada sostenida de protestas contra Donald Trump
Estados Unidos atraviesa uno de los periodos de mayor tensión política y social de su historia reciente. A la creciente contestación en las calles contra el presidente Donald Trump se suma una polarización extrema y un aumento sostenido de la violencia política.
Las protestas se han convertido en el principal termómetro de este malestar.
La movilización “No Kings”, celebrada a finales de marzo, marcó un punto de inflexión. Más de ocho millones de personas participaron en las más de 3.300 manifestaciones que se llevaron a cabo en los 50 estados del país. La marcha principal tuvo lugar en Mineápolis, la mayor ciudad del estado de Minnesota, epicentro de la indignación nacional contra ICE y la Patrulla Fronteriza porque sus agentes mataron ahí a los ciudadanos estadounidenses Renee Good y Alex Pretti en enero.
En esa marcha el cantante Bruce Springsteen denunció que «las tropas federales trajeron muerte y terror a las calles de Mineápolis (…) El poder y la solidaridad de las personas de Mineápolis y Minnesota fueron una inspiración para el país entero».
Allí interpretó en directo su tema Streets of Minneapolis.
También participaron en la manifestación el senador del Partido Socialista Demócrata, Bernie Sanders, la actriz Jane Fonda y líderes de los mayores sindicatos de Estados Unidos.
Denunciaban una deriva autoritaria del Ejecutivo, con especial énfasis en la política migratoria y el uso del poder federal. Pero también denunciaron la intervención militar en el exterior, en lo que califican de “guerra ilegal” contra Irán, el intervencionismo en Cuba, Venezuela y México y la negación del cambio climático.
A finales de marzo, más de ocho millones de personas se manifestaron en 3.300 manifestaciones en los 50 estados del país. Las movilizaciones se refuerzan en mayo con “May Day Strong”
Los estadounidenses vuelven a salir a las calles contra las políticas de inmigración, contra la “guerra ilegal” en Irán y la intervención en Cuba y Venezuela, y en demanda de derechos sociales.
“Revuelta cultural”
Desde su toma de posesión, Trump ha impulsado una batería de medidas restrictivas, incluyendo la declaración de emergencia nacional en la frontera, la suspensión de programas de asilo y el endurecimiento de las detenciones y deportaciones que vulneran derechos fundamentales y afectan de forma desproporcionada a comunidades latinas.
Estas políticas han provocado una “revuelta cultural” en distintos ámbitos de la sociedad estadounidense, desde el activismo hasta sectores empresariales y culturales.
Aunque uno de los focos más visibles de la protesta ha sido el movimiento “ICE Out”, que exige la desarticulación del aparato de deportación, la contestación social ha ido ampliando su foco hacia una crítica más amplia del sistema político y del funcionamiento de la democracia estadounidense. En las calles, las pancartas combinan reivindicaciones sobre la defensa del Estado de derecho, la independencia judicial o la libertad de prensa.
“No trabajar, no comprar, no asistir”.
Apenas unas semanas después del “No Kings”, una nueva oleada de movilización toma forma el 1 de Mayo con el movimiento “May Day Strong”, que plantea una estrategia de presión más ambiciosa: huelgas laborales, boicots de consumo y paros educativos bajo el lema “no trabajar, no comprar, no asistir”.
La jornada central será el 1 de mayo aunque las acciones se extenderán durante varios días en forma de concentraciones, marchas, asambleas y actos comunitarios. Se han anunciado miles de eventos en todo el país, desde grandes ciudades como Nueva York, Chicago o Los Ángeles hasta áreas suburbanas y rurales.
Esta evolución refleja un cambio cualitativo: de la protesta simbólica a la resistencia estructurada, con redes organizativas que conectan sindicatos nacionales y locales, asociaciones de derechos humanos, colectivos de defensa de los derechos de los migrantes, plataformas estudiantiles, organizaciones comunitarias y de justicia racial, grupos feministas y redes de activismo digital.
Entre los actores más visibles se encuentran organizaciones como Service Employees International Union (SEIU), Democratic Socialists of America (DSA) y colectivos vinculados a campañas previas como “Fight for $15”.
Este año “May Day Strong” conecta las reivindicaciones clásicas del Primero de Mayo con una crítica más amplia al rumbo político del país.
Fin de las políticas migratorias restrictivas
Demandan el fin de las políticas migratorias restrictivas y de las deportaciones masivas; oposición a la intervención militar en el exterior; defensa de derechos laborales y salarios dignos; acceso universal a sanidad y educación; y protección de libertades civiles y del sistema democrático.
Este clima de movilización se produce en paralelo a un deterioro evidente de la cohesión social. La polarización política en Estados Unidos ha alcanzado niveles que numerosos estudios califican de “estructurales”. Ya no se trata únicamente de diferencias ideológicas, sino de una ruptura profunda en la percepción de la realidad, donde amplios sectores de la población consideran ilegítimo al adversario político.
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Prensa LOV/Carmen Cecilia Guerra
