A unos 200 metros de distancia, un joven vestido con franelilla blanca y short oscuro observa los resultados de la devastación: de aquella subestación Panamericana que surtía a cinco circuitos de Caracas solo quedan ruinas, producto del impacto atroz de los misiles de la intervención norteamericana.
El humo aún se aprecia en los equipos de potencia de las barras 1 y 2. Unos pasos más allá, lo que solía ser la sala de control se encuentra reducida a escombros. El ataque certero de los enemigos de la paz destruyó su operatividad y con ello afectó totalmente el suministro eléctrico de sectores asociados a los circuitos Nueva Granada, Caricuao, Prado de María, Escuela Militar y Coche.

La subestación Panamericana constituye una infraestructura estratégica, conectada a otras subestaciones como parte de un anillo del sistema de transmisión de Caracas. De allí la magnitud de los tres impactos recibidos en la aciaga madrugada del sábado 3 de enero, cuando el gobierno de los Estados Unidos (EE.UU.) secuestró al presidente de la República, Nicolás Maduro, y de la primera dama, Cilia Flores.
El objetivo era claro: privar de manera intencional al pueblo venezolano de sus servicios esenciales, cubrir su aproximación a Caracas y sembrar el caos, vulnerando la soberanía nacional sin importar las pérdidas humanas que tal acción pudiera causar.
«Así como son los hospitales para los médicos, así es la subestación para nosotros. Es nuestra casa y duele», expresó uno de los valientes trabajadores de la Corporación Eléctrica Nacional (CORPOELEC), que se mantiene al frente de las maniobras provisionales destinadas a restablecer el servicio eléctrico en zonas del sur de Caracas.
Los daños en la subestación Panamericana son irreparables, un recordatorio del impacto desmedido de la agresión militar. No obstante, la clase obrera, columna vertebral del gobierno de Nicolás Maduro, se mantiene firme y ha logrado recuperar el 80% de la carga.
Dentro del Fuerte Tiuna, otra infraestructura eléctrica fue atacada. La subestación Escuela Militar, de donde se alimentan cuatro circuitos, quedó devastada por el impacto de la metralla norteamericana.
Decididos y con la misión de cumplirle al pueblo venezolano, otro contingente de expertos inició el despeje de la zona para implementar medidas provisionales, entre ellas traspasos de carga, una vez se normalicen los circuitos que dependen de la subestación Panamericana.
Aunque la huella de destrucción es evidente, los trabajadores de CORPOELEC no bajan la cabeza. Se respira unidad y resistencia, la misma heredada por nuestros Libertadores. Allí seguirán indetenibles, hasta devolverle la energía y la esperanza al pueblo venezolano.
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Prensa LOV/Carmen Cecilia Guerra
Nota de prensa
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