Trump defendió en su primer discurso del Estado de la Unión su política migratoria
“Nuestra nación ha vuelto. Más grande, mejor, más rica y más fuerte que nunca”. Con esa frase, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, abrió este martes su primer discurso del Estado de la Unión desde su regreso a la Casa Blanca, marcando desde el inicio el tono triunfalista y desafiante de una intervención atravesada por fuertes tensiones políticas y un silencio casi absoluto del lado demócrata.
Trump reforzó esa narrativa al asegurar que el país atraviesa “la época dorada de Estados Unidos”. El mandatario enfocó su intervención, que duró 1 hora y 49 minutos, en reivindicar los logros de su administración y consolidar sus principales banderas políticas: economía, control migratorio y política exterior.
Irán, Venezuela, México y Ucrania, ejes de su discurso
La primera referencia a la política exterior en este discurso fue Venezuela, país al que Trump se refirió como “nuestro nuevo amigo y socio” y que, según dijo, ya suministró más de 80 millones de barriles de petróleo.
“La producción de petróleo estadounidense aumentó en más de 600.000 barriles diarios”, añadió el republicano, como muestra de lo que considera su éxito económico.
En ese marco, defendió su estrategia de política exterior al asegurar que el flujo de fentanilo se redujo en un 56 por ciento.
“Estamos restaurando la seguridad y la dominación de Estados Unidos en el hemisferio occidental”, afirmó, al señalar que amplias zonas de la región, incluidas partes de México, están bajo el control de cárteles de la droga.
Asimismo, se atribuyó la muerte del narcotraficante Nemesio Oseguera, alias El Mencho, en un operativo sobre el cual la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum aseguró que no hubo participación de fuerzas estadounidenses, aunque sí intercambio de información de inteligencia.
Sobre Irán, dijo que quiere llegar a un acuerdo y que no permitirá que ese país “fabrique un arma nuclear”, uno de los pocos momentos en que los demócratas se levantaron de sus asientos.
Además, afirmó que el régimen de los ayatolás asesinó a 32.000 manifestantes el mes pasado, aunque cifras de organizaciones independientes hablan de alrededor de 5.000.
De igual forma, volvió a insistir en que gracias a su gestión finalizaron ocho guerras. De hecho, repitió que la guerra de Rusia contra Ucrania no habría ocurrido si él hubiera sido presidente.
Endurecimiento del discurso antimigrante
El mandatario también reivindicó su política migratoria al sostener que, en los últimos nueve meses, “cero inmigrantes ilegales han sido admitidos en Estados Unidos”.
Asimismo, arremetió contra los refugiados somalíes y afirmó que no hay “un ejemplo más flagrante de corrupción” que el supuesto robo de millones de dólares de un programa gubernamental en Minnesota para esa población. En ese sentido, Trump anunció una “guerra contra el fraude” que, según dijo, sería dirigida por el vicepresidente JD Vance.
Estas palabras generaron la reacción inmediata de la representante Ilhan Omar, de origen somalí, quien le gritó a Trump: “¡Has matado a estadounidenses!”. Él replicó: “Deberías avergonzarte de ti misma”.
En ese sentido, pidió acabar con los estados santuario, es decir, aquellos que limitan la cooperación local con las autoridades federales de inmigración (ICE) para proteger a los inmigrantes.
De hecho, exigió el fin del bloqueo demócrata al presupuesto del Departamento de Seguridad Nacional, clave para el funcionamiento del ICE. Aseguró que no hay recursos suficientes ni para proteger las fronteras ni para asistir a los damnificados por las tormentas invernales.
“La primera obligación del Gobierno es proteger a los estadounidenses, no a los ilegales”, dijo, para luego pedir la aprobación de una ley “Salven América” con el fin de “frenar a los migrantes ilegales y a otros” que supuestamente votan en las elecciones.
Luego insinuó que se estaría fraguando un fraude electoral y pidió que todos los votantes muestren su identificación y acrediten que son ciudadanos estadounidenses para poder votar.
Trump defiende los aranceles y ataca a Biden
En frente económico, volvió a atacar a su antecesor, Joe Biden, a quien responsabilizó de haber dejado “la peor inflación en la historia” del país, y aseguró que su gobierno logró reducirla en pocos meses al nivel más bajo en cinco años.
Asimismo, defendió los resultados de su gestión social y laboral. “En un año, hemos sacado a 2,4 millones de estadounidenses, un récord, de los cupones de alimentos”, dijo sobre el Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria, para luego destacar la creación de 70.000 empleos que, según él, se generaron durante su administración.
Asimismo, reivindicó su política comercial al afirmar que para mantener los aranceles globales que impuestos “no será necesaria ninguna acción del Congreso”. También se refirió a la decisión de la Corte Suprema de limitar su alcance en materia arancelaria.
“Fue algo muy lamentable (la decisión de la Corte Suprema), pero la buena noticia es que casi todos los países quieren mantener los acuerdos que ya se suscribieron. Quieren seguir por este rumbo de éxito que negociamos”, dijo sobre el fallo, y argumentó que gracias a los aranceles se están deteniendo las guerras.
Trump sostuvo que sus aranceles podrían reemplazar sustancialmente el impuesto sobre la renta como forma de financiar al gobierno federal.
El presidente también prometió ofrecer 1.000 dólares al año para ayudar a más estadounidenses a ahorrar para su jubilación, aunque no dijo cómo funcionará.
Un clima tenso marcó su discurso
Sin embargo, esa narrativa de logros contrastó con el clima político que rodeó la jornada. La fractura se hizo visible dentro y fuera del recinto: “Esta unión está en crisis en este momento”, afirmó el senador demócrata Chris Murphy incluso antes de que Trump llegara al Capitolio.
La tensión se trasladó también a gestos simbólicos dentro del hemiciclo. El representante Al Green levantó un cartel con la frase “¡LOS NEGROS NO SON SIMIOS!”, en referencia a un video racista difundido recientemente por Trump sobre los Obama, lo que provocó abucheos desde las bancadas republicanas y la intervención del senador Markwayne Mullin, quien intentó bloquear la vista del presidente.
En la misma línea de rechazo, al menos 40 congresistas demócratas optaron por no asistir al discurso como forma de boicot, en protesta por la dureza de la política migratoria de la Casa Blanca.
El discurso ante el Congreso se produjo, además, en medio de un cúmulo de presiones políticas, judiciales y económicas que erosionan su margen de maniobra y golpeado su imagen pública.
El fallo de la Corte Suprema que anuló buena parte de su estrategia comercial representó un revés directo a uno de los pilares de su agenda económica y dejó en entredicho el alcance de su autoridad para rediseñar la política comercial sin el aval del Congreso.
De hecho, antes de la intervención ingresaron al recinto varios jueces del alto tribunal, entre ellos su presidente, John G. Roberts Jr., junto a Elena Kagan, Brett M. Kavanaugh y Amy Coney Barrett, tres de los seis magistrados que días antes habían respaldado la decisión. Trump los saludó uno por uno.
Un momento crítico para Trump
En paralelo, su popularidad atraviesa su punto más bajo desde que regresó a la Casa Blanca. Según una encuesta de The Washington Post, ABC News e Ipsos, apenas el 39 por ciento de los estadounidenses aprueba su gestión, mientras que un 60 por ciento la desaprueba.
El sondeo muestra, además, que por amplios márgenes los votantes rechazan su manejo de la economía y de la inmigración, dos temas que fueron claves en su victoria y que ahora se han convertido en focos de descontento.
Ese malestar tiene un correlato en los indicadores. Trump llegó al poder con el lema “Estados Unidos primero”, pero esa promesa no termina de traducirse en resultados económicos claros: el crecimiento en 2025 fue del 2,2 por ciento, por debajo del año anterior; la inflación se mantiene elevada (2,9 por ciento interanual en diciembre) y, aunque el empleo conserva un buen ritmo, no ha sido suficiente para compensar la percepción de estancamiento.
De cara a las elecciones legislativas de noviembre, el escenario anticipa una posible recomposición del equilibrio de poder en el Congreso.
A ese escenario se suma el fantasma del pederasta Jeffrey Epstein y las revelaciones de sus archivos, que aún siguen generando cuestionamientos incluso entre su base de seguidores.
De hecho, varios legisladores demócratas invitaron como asistentes a víctimas vinculadas al caso Epstein, en un intento de mantener vigente un tema que continúa persiguiendo al presidente pese a la desclasificación de documentos impulsada por su propia administración.
Trump, por su parte, invitó al equipo masculino de hockey sobre hielo, reciente campeón olímpico tras vencer a Canadá. No obstante, el contraste quedó marcado por la decisión del equipo femenino —que también obtuvo el oro— de no asistir al evento.
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Prensa LOV/Carmen Cecilia Guerra
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