‘Yo te creo, colega’: el MeToo colombiano en los medios
Tras la suspensión de dos presentadores de Caracol Televisión por acoso sexual, en redes se desató una ola de denuncias por parte de periodistas.
En los últimos días, la red social X (antes Twitter) se desbordó: una publicación tras otra llevaba los hashtag #MeToo, #MeTooColombia, #NoAlPactodelSilencio, #LaVerguenzaTieneQueCambiarDeBando y #YoTeCreoColega. Las mujeres están hablando y rompiendo el mutismo con el que convivieron durante años ante el miedo de que una denuncia contra un hombre poderoso pusiera fin a sus carreras en un medio tan competido y difícil como el periodismo.
Pero antes de hablar de este MeToo colombiano en los medios de comunicación, que desató la suspensión de dos presentadores y periodistas de Noticias Caracol — el informativo con más rating en televisión nacional— por presunto abuso y acoso sexual, hay que remontarnos a octubre de 2017 cuando una investigación periodística desató un movimiento entre las mujeres del mundo.
El 5 de octubre de ese año, las periodistas Jodi Kantor y Megan Twohey, de The New York Times, publicaron un reportaje con varios testimonios de mujeres que denunciaron al súper poderoso productor de Hollywood, Harvey Weinstein, por acoso y abuso sexual cuando la mayoría de ellas eran unas aspirantes a actrices que soñaban con la fama y el éxito.
La película Ella dijo (2022), y el mismo libro de las periodistas que inspiró la cita, narra cómo Kantor y Twohey tuvieron dificultades para encontrar a las víctimas de Weinstein, quien por décadas y de forma impune actuó de forma sistémica y depredadora contra jóvenes aprovechándose de su posición de poder. Su comportamiento era sabido por muchos, pero nadie hizo nada para evitar que más mujeres fueran abusadas.
Algunas decidieron pasar página a sus vidas, buscar otra pasión, mudarse de país y cargar con el peso del silencio por temor a represalias.
Eran ellas contra una de las voces más poderosas del entretenimiento con capital político, simbólico, incluso judicial. Hasta que la valentía de una animó a otras a hablar para buscar justicia y proteger, además de las víctimas, a quienes podrían ser abusadas en un futuro.
La publicación de esta investigación posibilitó que mujeres de otras latitudes también compartieran sus historias.
Ocurrió en el proceso judicial conocido como La Manada en España, en el que un grupo de cinco hombres abusaron sexualmente de una mujer durante las fiestas de Sanfermín, en Pamplona, el 7 de julio de 2016. Cientos y cientos de mujeres y jóvenes contaron lo que les ocurrió alrededor de la cultura del abuso para rodear a la víctima y manifestarle que no estaba sola.
También se vivió, y se sigue viviendo, con el caso del pederasta Jeffrey Epstein que logró construir una red de explotación sexual durante años gracias a su poder político y económico, que ha tocado a figuras como el expríncipe Andrés de Inglaterra. Algunas de las víctimas, de nuevo en conjunto, decidieron hablar y denunciar. Aunque Epstein se suicidó el 10 de agosto de 2019 en la cárcel, esperando su inevitable condena, las sobrevivientes continúan sosteniendo el caso frente a Ghislaine Maxwell, la señalada proxeneta del financista.
Lo mismo pasó en 2024 cuando comenzó la audiencia contra Dominique Pelicot y otros 50 hombres de Mazán, un pueblo al sur de Francia, señalados de violar durante 10 años a Gisèle Pelicot (1952) bajo sedación mientras dormía.
Ante su decisión de llevar a cabo un juicio a puertas abiertas, porque era imperativo que “la vergüenza cambie de bando”, las mujeres también respondieron y acompañaron a Gisèle en el proceso, agradeciéndole su valentía que le abrió el camino a tantas para romper el silencio y salir de relaciones abusivas y violentas.
El contexto en el país
En 2019, la periodista Vanessa Restrepo denunció penalmente a su entonces editor de El Colombiano, Juan Esteban Vásquez, por violencia sexual (en 2024 fue condenado). Su caso derivó en la sentencia T-140 de 2021 en la que la Corte Constitucional le ordenó al medio de comunicación garantías de no revictimización en situaciones de abuso sexual dentro del entorno laboral y sentó jurisprudencia en cuanto a la obligación de las empresas privadas de brindar medidas de prevención y sanción contra la violencia de género, reconociendo la violencia y discriminación que viven las mujeres en el periodismo.
Aunque el caso de Vanessa sentó un precedente importante.
Hoy el episodio del MeToo colombiano en el periodismo tiene otras connotaciones. Ella quitó la primera piedra, las demás están tumbando el muro. “De tanto dar al cántaro, este por fin se rompió. Ha sido una suma de muchas situaciones, que lo de ahora es un boom. Hoy hay un entendimiento de que es poderoso juntarnos para defender nuestros derechos y los de otras”, puntualizó Fabiola Ocampo, coordinadora de la Red Colombiana de Periodistas con Visión de Género.
A lo de Vanessa en 2019, le sumó el hecho de que hace unos días 171 periodistas, columnistas y escritoras elaboraron 20 preguntas con las que le están pidiendo rendir cuentas al expresidente Andrés Pastrana sobre su relación con el pederasta Jeffrey Epstein (mencionado en los archivos desclasificados del caso). Y, como último episodio, está la avalancha de testimonios que suscitó el comunicado de Caracol Televisión. Las periodistas se están uniendo ante el hastío de una cultura patriarcal dentro y fuera de los medios.
Caracol
Caracol Televisión comunicó el viernes que “ante unas denuncias recibidas en contra de dos periodistas y presentadores por presunto acoso sexual, se ha activado de manera inmediata los protocolos internos y los procedimientos establecidos por la ley para la atención e investigación de este tipo de situaciones”.
Igualmente, dos días después del comunicado, Juan Roberto Vargas, director de Noticias Caracol, habló en Sala de prensa Blu de la situación, reconociendo el difícil momento que estaban pasando como empresa. “Es un hecho donde se tiene que demostrar la determinación, la decencia y el rigor. Tomaremos las decisiones que se tengan que tomar. Pero lo más importante es que estamos del lado de las víctimas”, acotó.
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Es un hecho donde se tiene que demostrar la determinación, la decencia y el rigor. Tomaremos las decisiones que se tengan que tomar. Pero lo más importante es que estamos del lado de las víctimasJuan Roberto VargasDirector de Noticias Caracol
Los testimonios
Sin embargo, varias mujeres que trabajaron en el medio expusieron que el ambiente de acoso sexual dentro del canal no se remitiría a hechos recientes, sino a años atrás. “El consejo que le daría a la Juanita de 2015 en este cubrimiento internacional, es que ciertas conductas de algunas ‘vacas sagradas’ en su trabajo no están bien. Le diría que tener que quitarse de encima a un periodista/presentador a la fuerza, varias veces y a empujones para que no le dé un beso en un ascensor, no es normal y nunca debió ocurrir”, escribió en su cuenta de X la expresentadora de Noticias Caracol Juanita Gómez, que dejó de trabajar en el informativo en 2022 por motivos personales (no obedeció directamente al acoso que vivió años atrás).
“En 2022, el periodista/presentador viajó a Medellín. Presentaba conmigo y estando frente a cámara, sin ningún asomo de vergüenza, invadió mi espacio personal. Para mí no es natural que un jefe me tocase el rostro diciéndome que me estaba ‘puliendo el maquillaje’. A pesar de ser una mujer con carácter y de haberme formado defendiendo estas causas, en ese momento no supe qué hacer. Me hizo sentir completamente incómoda y confundida al ser mi superior. El resto del día las insinuaciones escalaron, al punto de tocarme un logo en el pecho de mi camiseta, con algún comentario sobre cómo me quedaba la ropa. Me desubicó por completo”, escribió Lina Tobón, excorresponsal de Noticias Caracol de Medellín.
Más testimonios aparecieron y se sumaron a los que ya habían contado antiguas empleadas de Noticias Caracol, abarcando a otros medios y a otros personajes.
Por esta avalancha de revelaciones, algunas decidieron juntarse y crear un correo para recibir más testimonios bajo el #YoTeCreoColega. A la fecha, ya van 60 denuncias de diferentes periodistas del país. Y, probablemente, habrá más.
“Al entender que estábamos frente a un monstruo decidimos canalizar las denuncias, porque esto tiene que trascender más allá de una denuncia de redes sociales.
Hemos venido identificando unos patrones alrededor de los casos de acoso sexual. La mayoría de las mujeres que nos han escrito para compartir sus testimonios tenían 19, 20 y 21 años cuando fueron víctimas. Se trataba de sus prácticas o su primer trabajo en un medio”, cuenta Paula Bolívar, codirectora de Brava News y una de las periodistas que junto a Juanita están liderando la recepción de las denuncias.
“Yo trabajé en Caracol hace 3 años. El periodista/presentador desde que lo conozco ha tenido conmigo conductas abusivas y acosadoras. Tanto que un día llegó a mi casa, me cogió detrás de la puerta a darme besos en la boca, lo quité y él siguió hasta que lo paré. Yo en ese momento estaba en ‘prueba’ porque mi programa se iba a terminar y claramente su discurso era que me iba a ayudar”, es uno de los testimonios que ha llegado al correo y que Juanita y otras periodistas están replicando en sus redes.
#YoTeCreoColega
Además de las edades y los contextos personales de las víctimas, otros patrones identificados por las periodistas de #YoTeCreoColega son las características de los victimarios: hombres con jerarquía dentro de la empresa, salarios altos, reconocidos en el medio y con muchos años de antigüedad. “No estamos hablando de una o dos personas, sino de un sistema que ha permitido que esto ocurra empoderándolos frente a mujeres que estaban comenzando sus carreras”, recalca Juanita.
No estamos hablando de una o dos personas, sino de un sistema que ha permitido que esto ocurra empoderándolos frente a mujeres que estaban comenzando sus carrerasJuanita GómezPeriodista
El silencio y el miedo no fueron la única respuesta de defensa de las víctimas que han compartido sus testimonios. Algunas optaron por dejar el sueño de hacer periodismo. “Nos contaron que prefirieron renunciar y buscar trabajo en la comunicación organizacional u otra rama de la profesión porque no estaban dispuestas a ceder ante el acoso para poder escalar y tener una posición dentro del medio”, complementa Paula.
Protocolos y rutas de atención
La intención de Juanita, Paula y las otras periodistas que están siendo espacio seguro para la denuncia es no sólo replicar los testimonios, sino impulsar un cambio cultural y sistemático dentro de las organizaciones. Y eso empieza por cumplir la sentencia T-140 de 2021, la jurisprudencia que inspiró el caso de Vanessa Restrepo para que ninguna otra periodista tuviera que experimentar lo que ella vivió, y también la Ley 2365 de 2024, que ofrece medidas de prevención, protección y atención por casos de acoso sexual dentro del ámbito laboral y las instituciones educativas.
Tanto la sentencia como la Ley exigen que las empresas tengan unos protocolos y rutas de atención. Fabiola Ocampo hace énfasis que esos protocolos y rutas de atención deben ser formuladas con enfoque de género.
“El año pasado, la Red junto a la Alianza por la Igualdad de las Mujeres en los Medios enviamos cerca de 200 cartas a medios solicitándoles que nos compartieran los protocolos, porque queremos hacer un estado del arte sobre el tema. Y no hubo respuesta. No es suficiente proferir fallos y promulgar leyes, porque las organizaciones de la sociedad civil no tenemos la capacidad de hacer seguimiento al tema, especialmente cuando se tratan de empresas privadas, que se amparan de que los protocolos son asunto interno”, explica Ocampo.
No es suficiente proferir fallos y promulgar leyes, porque las organizaciones de la sociedad civil no tenemos la capacidad de hacer seguimiento al tema, especialmente cuando se tratan de empresas privadas, que se amparan de que los protocolos son asunto internoFabiola OcampoCoordinadora de la Red Colombiana de Periodistas con Visión de Género.
Según Juanita, cuando se fue del canal en 2022 tenía la noción de que existía un protocolo, pero no lo conocía. “Tampoco sé si era un documento muy visible, como debería de ser, con información explícita y clara sobre los canales de denuncia”, recuerda la periodista.
La Red y la Alianza tampoco han tenido respuesta por parte de los medios públicos, que son los primeros llamados en dar ejemplo y en rendir cuentas sobre las actuaciones de sus funcionarios como sus normas internas.
Por eso, esta ola de MeToo entre periodistas precedió al llamado de 100 periodistas, columnistas y escritoras a la justicia por las actuaciones de Hollman Morris como actual gerente de RTVC contra Lina Castillo, una militante de la Colombia Humana que denunció públicamente al entonces concejal por acoso. “Él hizo alarde de su poder al asistir a las audiencias empleando el logo del sistema de medios públicos y en compañía de funcionarios de esa entidad para intimidar a Lina Castillo”, se lee en la carta.
“Yo no sé si reír o llorar cuando leo aquí mensajes de protesta y de solidaridad con las víctimas de acoso en Caracol, cuando nunca dijeron una sola palabra acerca de los acosos en la televisión pública. Abrazo a todas las víctimas, en especial a las de RTVC que a pesar de todos mis esfuerzos no pude defender de las garras del acosador”, escribió también en X Nórida Rodríguez, exgerente de RTVC, sobre lo que está ocurriendo en el sector.
Sobre el caso de Morris, Fabiola Ocampo apunta que el llamado que se hizo también busca ponerle acento a la persecución judicial que periodistas y denunciantes han sufrido por exponer casos de violencia de género, en el que los señalados recurren legalmente al delito de injuria y calumnia para acallar las voces.
“Este es un fenómeno que se está dando y, en el caso particular de Lina, la afectó mucho más porque la Fiscalía no aplicó el enfoque de género. Y esto desestimula la denuncia, porque se pierde la confianza en las instituciones. Aquí no hay que poner en balanza estas dos situaciones, porque en el fondo lo que pedimos es que se acabe esta lacra que no solo se da en las salas de redacción, sino en todos los espacios de trabajo”, puntualiza Ocampo.
Aquí no hay que poner en balanza estas dos situaciones, porque en el fondo lo que pedimos es que se acabe esta lacra que no solo se da en las salas de redacción, sino en todos los espacios de trabajoFabiola OcampoCoordinadora de la Red Colombiana de Periodistas con Visión de Género.
A Juanita y a Paula les han llegado comentarios de que ojalá esta ola, que está inundando a los medios, se expanda a otros sectores: el de salud, el de derecho, el de la política, el de las universidades…
De hecho, la abogada Ana Bejarano habló en su columna de Los Danieles sobre una experiencia personal cuando fue auxiliar en la Corte Constitucional en la que reconoce los riesgos de denunciar para las mujeres. Con su testimonio, está abriendo una puerta también: “Cruzamos la Plaza de Bolívar y se me acercó al oído y me susurró: ‘deberíamos ir a un sitio en que estemos solos, ¿no le parece?’. Como no me parecía, me inventé cualquier excusa e intenté escabullirme, pero el señor insistía en acompañarme hasta mi puesto para que le prestara un libro del que hablamos en el almuerzo: Análisis económico del derecho de Richard Posner”, relata Bejarano sobre un magistrado.
Por ahora, queda hacernos la pregunta que Gisèle Pelicot aguardó durante meses para hacerle a su exesposo durante el juicio por violación en su contra: ¿cómo hemos podido llegar hasta este punto sin que nadie hubiese hecho algo al respecto? ¿cómo naturalizamos un ambiente laboral que permitieron los abusos?
“Queremos que todas las mujeres que lleguen a hacer periodismo sepan que llegan a un espacio seguro para cumplir sus sueños”, proyecta Juanita.
“Queremos que las periodistas no estén haciendo cálculos de cómo deben de vestirse, qué pueden decir o qué no, qué ruta deben de tomar para evitar pasar por delante de la oficina de ‘x’ porque saben lo que les puede suceder”, agrega Paula. Citando a Pelicot en su libro Un himno a la vida, “la alegría y la rabia está venciendo al silencio” y eso está produciendo una “magnífica sacudida telúrica”.
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Prensa LOV/Carmen Cecilia Guerra
