El Niño opacó la lluvia de San Isidro
En Venezuela, el ciclo de invierno y las lluvias suelen comenzar formalmente alrededor del 15 de mayo, coincidiendo con el Día de San Isidro Labrador. Los habitantes del campo celebran esta fecha con devoción, listos para iniciar los cultivos respaldados por las primeras precipitaciones.
En la región andina —particularmente en Mérida, Táchira y Trujillo— este santo es venerado con procesiones, altares decorados con frutos de la tierra y la tradicional danza de los «Locos de San Isidro» para pedir por la prosperidad de las cosechas.
Asimismo, en nuestra capital zuliana, los productores y habitantes de la parroquia San Isidro de Maracaibo esperaban con ansias el agua bendita en su día; sin embargo, los efectos tardíos y el arrastre del fenómeno de El Niño opacaron su llegada, dejándonos con los cielos despejados.
La ausencia de precipitaciones y la notable disminución de la humedad atmosférica responden a una dinámica climática particular: la persistencia de una zona de alta presión sobre el mar Caribe, que impulsa la entrada de aire seco y viene acompañada por densas concentraciones de Polvo del Sahara.
Aunque los modelos meteorológicos globales señalan que estamos en una fase de transición, la inercia de la sequía y las altas temperaturas nos obligan a mantener activos los planes de contingencia, optimizar el uso del agua y, por supuesto, seguir encomendados a San Isidro.
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Prensa LOV/Carmen Cecilia Guerra
Rosa Ríos
