La otra versión de la visita presidencial
Este domingo, la presidenta encargada Delcy Rodríguez visitó el Zulia, dando inicio a una campaña de peregrinación en busca de la reconciliación nacional y el fin de las sanciones. Entre tanto, el pueblo asistió al llamado, y he aquí la otra versión de la visita presidencial.
Los ciudadanos suelen achacar todos los males a los gobiernos de turno, pero no asumen las corresponsabilidades pertinentes en el asunto. Aquí recuerdo lo que ocurrió en la vereda cuando inauguraron las obras “Los famosos caballos”, que a la fecha personalmente no les veo figura. ¿Recuerdan que en esa oportunidad hasta los niños se montaron en los caballos? Los caballos, que en una anterior edición les conté que costaron cada uno 30 mil dólares, fueron tomados por los más pequeños de la casa como una diversión de unos caballitos cualquiera. ¿Dónde estaban los padres de esas criaturas?
Pero una de las peores imágenes fue ver el trasero de los niños en el busto de Simón Bolívar. Es que se pasan, así no es; hace falta educación y cultura.
Como siempre, la visita presidencial no podía ser de otra manera: las personas se montaron en las sillas, la plazoleta estaba convertida en un basurero. ¿Por qué no podemos respetar los espacios públicos y el legado histórico que nos une? La responsabilidad es compartida, y el cambio comienza por la educación de cada ciudadano que ama su patria. Solo así podremos avanzar hacia la reconciliación nacional y superar los desafíos que afrontamos como país.

Las sillas de los espacios públicos o eventos tienen un propósito muy claro: ofrecer comodidad a quienes deben esperar o participar en alguna actividad.
Sin embargo, algunas personas se subieron sobre ellas y terminan dañándolas. Estas sillas no son objetos desechables; requieren una inversión económica y esfuerzo para su mantenimiento.
Romper las sillas no solo genera un gasto innecesario, sino que también afecta a quienes asistirán a futuros eventos, ya que habrá menos lugares cómodos para sentarse. Es importante comprender que cuidar estos elementos es una manera de respetar a todos los usuarios y garantizar que el espacio siga siendo funcional y agradable.
Por eso, en lugar de buscar cómo dañar las sillas, deberíamos valorar lo que representan: un recurso pensado para nuestro bienestar durante la espera o el desarrollo de una actividad. Mantenerlas en buen estado es responsabilidad de todos y contribuye a una convivencia más armoniosa y respetuosa.
La educación y la cultura son pilares fundamentales para cualquier sociedad que aspire a un desarrollo sostenible y armonioso.
En el caso de Venezuela, es evidente que aún nos falta mucho camino por recorrer en estos aspectos si realmente queremos contribuir a la recuperación del país. La educación no solo implica adquirir conocimientos académicos, sino también formar ciudadanos responsables, conscientes de sus acciones y del impacto que tienen en su entorno.
Aprender a comportarnos adecuadamente en los diferentes espacios que compartimos es esencial para construir una convivencia pacífica y respetuosa. Esto incluye desde respetar las normas básicas de higiene y orden en lugares públicos hasta promover valores como la solidaridad, la empatía y la tolerancia. Al cuidar los espacios comunes y evitar perjudicarlos, demostramos compromiso con el bienestar colectivo y ayudamos a crear un ambiente propicio para el progreso.
Por lo tanto, fomentar una cultura basada en el respeto, la responsabilidad y el amor por nuestro país debe ser una prioridad para todos los venezolanos. Solo así lograremos superar las dificultades actuales y sentar las bases para un futuro próspero y justo para las próximas generaciones. La recuperación de Venezuela pasa, sin duda, por un cambio profundo en nuestra educación y en la manera en que valoramos y protegemos nuestros espacios y recursos.

La plazoleta de la Virgen, un lugar que debería ser símbolo de respeto y devoción, lamentablemente lo convirtieron en un basurero.
Es más fácil para muchas personas lanzar los desechos al suelo sin pensar en las consecuencias. Botellas de agua que nos regalaron, bolsitas de algunas chucherías y todo tipo de desperdicios se acumulan sin control, manchando este espacio sagrado. Esta falta de conciencia ambiental no solo afecta la belleza del lugar, sino que también pone en riesgo la salud pública y el bienestar de la comunidad. Es necesario fomentar el cuidado y limpieza de nuestras áreas comunes, promoviendo la responsabilidad de cada uno para mantener viva la esencia de la plazoleta y respetar el entorno que compartimos.
Mantener nuestros espacios es un trabajo de todos
Este llamado es, sin duda, a la conciencia ciudadana, a que mejoremos como seres humanos. Respetar y ser empáticos con todas las personas, sin importar su edad o rol en la sociedad, es fundamental para construir una comunidad armoniosa y solidaria.
Cuando cuidamos los espacios que compartimos, no solo protegemos nuestro entorno, sino que también mostramos respeto hacia quienes nos rodean. La responsabilidad de mantener el orden y la limpieza debe ser colectiva, pues solo así lograremos un desarrollo sostenible y un ambiente agradable para todos. Es momento de asumir este compromiso con empatía y respeto, construyendo juntos un lugar mejor para vivir.
No podemos exigir cambios y exigirle a los políticos que transformen nuestro país si nosotros mismos no damos el ejemplo en nuestra conducta diaria. Es fundamental que aprendamos a respetar y cuidar nuestros espacios públicos, pues estos no pertenecen ni al gobernador, ni al alcalde, ni a la presidenta; son de todos nosotros, de la comunidad. La plazoleta, el parque o cualquier lugar común deben mantenerse limpios y en buen estado, porque reflejan el amor y el compromiso que tenemos con nuestra tierra.
Si queremos ver una Venezuela diferente, debemos comenzar por cambiar nosotros mismos, adoptando prácticas responsables y conscientes. Solo así construiremos un país mejor y más unido.
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Prensa LOV/Carmen Cecilia Guerra
