Somos Roscas al Revés
La situación política de Venezuela ha sido calificada por muchos como crítica, sin embargo, una reflexión más profunda nos lleva a comprender que el verdadero problema radica en nuestra memoria colectiva y cómo esta moldea nuestra percepción. Somos “roscas al revés”: en lugar de apoyar a quienes permanecen aquí luchando por un cambio desde adentro, atacamos sin piedad a los políticos de oposición que no abandonaron el país ni la ruta electoral.
En las redes sociales, este fenómeno se acentúa.
Se critica con dureza a quienes mantienen una postura activa y comprometida dentro de Venezuela, mientras que, paradójicamente, se enaltece a figuras que desde el extranjero continúan utilizando discursos extremistas similares a los del otrora del chavismo, solo para enriquecerse políticamente. Este doble estándar debilita cualquier posibilidad real de unidad y transformación.
La memoria histórica debe servirnos para aprender y unirnos, no para dividirnos y olvidar la importancia del compromiso local. Reconocer que somos “roscas al revés” es un primer paso para rectificar y fortalecer el camino hacia una Venezuela mejor. Solo valorando a quienes luchan genuinamente desde adentro podremos aspirar a superar la crisis y construir un futuro con esperanza y justicia.
Personalmente, valoro profundamente a esos políticos que comparten las mismas incomodidades cotidianas que nosotros enfrentamos dentro del país, como las constantes fallas en el servicio eléctrico. Son ellos quienes mantienen la vocería activa para quejarse por nosotros ante las instituciones competentes, demostrando así un compromiso genuino y cercano.
Nuevo Drama
Lo que no puedo superar es el nuevo drama que se ha instalado: parecería que los venezolanos en el exterior están más capacitados que quienes decidimos quedarnos. Esa percepción me indigna porque siento que implica una falta de respeto para con quienes apostamos por vivir y resistir en esta tierra, aun cuando el país esté hecho pedazos. Sus críticas, a veces férreas y despectivas, olvidan que permanecer aquí sin duda, es un acto de valentía y amor por Venezuela.
Se fueron el mismo día de las elecciones… Ahora regresan?
Ahora, algunos de esos líderes que se fueron el mismo día de las elecciones presidenciales, especialmente voceros del estado Zulia, han comenzado a regresar con discursos grandilocuentes sobre “liberar a Venezuela”. Pero no podemos ser ingenuos: muchos de ellos son caras duras, faltos de moral y sinvergüenzas. No trabajan por el pueblo, sino por sus propios intereses egoístas. Y esa traición duele doble porque proviene de quienes se fueron en el momento más decisivo y ahora pretenden reaparecer como salvadores.
Hacer política no debería ser un juego ni una excusa para huir y luego regresar con falsas promesas. El compromiso real es estar al lado del pueblo, sufrir con él, y construir el país que todos merecemos, ya sea desde dentro o desde fuera, pero siempre con honestidad y respeto hacia quienes permanecen.
Recuerden que solo el pueblo salva al pueblo.
No sigamos endiosando a los políticos, porque ellos no son dioses ni salvadores; son seres humanos como todos nosotros. En ocasiones, algunos llevan arrastrando una miseria humana que nos asombraría. Por eso, es fundamental que mantengamos la conciencia colectiva y participemos activamente en la construcción de una sociedad justa.
La verdadera transformación surge de la unión y el esfuerzo del pueblo, no de la dependencia ciega en figuras individuales. Si queremos un cambio real, debemos asumir nuestra responsabilidad y no depositar toda la esperanza en quienes, al final, también cometen errores y tienen limitaciones. El poder está en nuestras manos cuando actuamos juntos y conscientes.
Reitero que aquí se viven dos realidades muy diferentes.
Los venezolanos que están fuera del país, en su mayoría, están desconectados de la realidad que enfrentamos quienes seguimos en la patria. No se trata de competir por quién es más bueno o más malo, sino de cultivar respeto y comprensión mutua.
Los venezolanos que nos quedamos somos resiliencia pura. Resiliencia de trabajo, de constancia, de adaptarnos día a día sin recibir ayuda del extranjero. Muchos no reciben nada de sus familiares que están afuera, ningún apoyo económico; viven y trabajan de lo que sea, reinvención constante para salir adelante. Por eso, merecemos un poco de respeto.
Por otro lado, sé que muchos venezolanos que emigraron acostumbraban a despertar al mediodía cuando estaban en Venezuela, pero al llegar a otros países han tenido que ajustarse a nuevas realidades, trabajando incluso en construcción u otros oficios que antes no tenían. Sin embargo, eso no implica que merezcan un premio por ello; simplemente están enfrentando retos distintos, como todos nosotros enfrentamos los nuestros aquí.
Las circunstancias son diferentes, y cada quien lucha desde donde está. Lo importante es entender y valorar esas diferencias sin caer en la crítica fácil ni el menosprecio, y menos escuchar a esos politiqueros que solo buscan seguir viviendo a costillas de esos discursos y de nuestros esfuerzos.
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