El 30 de julio, Día Mundial contra la Trata, la ONU nos recuerda la cruda realidad que enfrentan millones de personas, especialmente mujeres, niñas y niños, quienes son víctimas de una forma moderna de esclavitud.
Este flagelo no conoce fronteras y adopta múltiples rostros: desde la explotación sexual hasta los trabajos forzados, pasando por la extracción de órganos e incluso prácticas delictivas vinculadas a la era digital.
Detrás de cada una de estas violaciones de derechos humanos se erige una raíz común: la pobreza estructural.
Como bien señala Patricia Garrido, responsable de proyectos de Manos Unidas en el Norte de India, «la falta de oportunidades, la desigualdad, los conflictos armados y los desastres medioambientales empujan a millones de personas a situaciones de vulnerabilidad extrema».
Esta vulnerabilidad actúa como un caldo de cultivo perfecto para que las redes de trata se aprovechen del sufrimiento y la desesperación de quienes ven limitada su capacidad para sobrevivir.
La trata de personas se ha convertido en un negocio criminal de enormes proporciones, con estimaciones que indican que mueve alrededor de 150.000 millones de dólares al año.
Las organizaciones dedicadas a esta práctica ilícita utilizan diversos mecanismos para perpetuar su actividad; se valen de los flujos migratorios, las cadenas de suministro globales y las lagunas legales que existen entre distintos países.
Según la ONU, un alarmante 74 % de los casos de trata se llevan a cabo dentro de grupos criminales organizados, lo que revela la complejidad y la magnitud del problema.
Para abordar esta tragedia, es fundamental entender que la lucha contra la pobreza es, en sí misma, una lucha contra la trata. Erradicar este fenómeno mundial implica más que la persecución penal y policial; requiere un enfoque integral que busque desmantelar las raíces estructurales del problema.
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Esto incluye identificar las múltiples causas que alimentan la pobreza y articular acciones sostenidas en el tiempo que apunten a la eliminación de estas condiciones desfavorables.
Así, es imperativo que gobiernos, organizaciones no gubernamentales y la sociedad civil trabajen juntos para crear oportunidades reales que empoderen a las comunidades más vulnerables y les permitan salir del ciclo de pobreza.
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Solo a través de un esfuerzo colectivo y comprometido se podrá aspirar a un mundo donde la trata de personas deje de ser un negocio próspero y donde cada individuo tenga la dignidad y los recursos necesarios para vivir una vida libre de violencia y explotación.
En todo el mundo las personas víctimas de trata – a menudo migrantes, jóvenes y menores – son obligadas a cometer delitos como fraude en línea, tráfico de drogas y robos, y en lugar de ser reconocidas como víctimas, son criminalizadas negándoseles todo tipo de apoyo.
La trata para criminalidad forzada incentiva la corrupción y el delito organizado. Los delincuentes obtienen ganancias con el sufrimiento humano en tanto que las víctimas deben enfrentar castigos y estigmatización.
Para desmantelar estas redes, las respuestas deben poner el foco en la identificación de las víctimas y en una justicia centrada en los sobrevivientes.
Los gobiernos, la sociedad civil y los actores internacionales deben garantizar sólidos sistemas de derivación, el apoyo de reintegración y la defensa del principio de la no punibilidad.
Asimismo, la OIM y sus asociados están comprometidos con la tarea de salvar vidas y garantizar que los sobrevivientes sean protegidos, escuchados y apoyados, en lugar de ser silenciados.
Escuchando a las víctimas, fortaleciendo su protección y haciendo que los tratantes asuman su responsabilidad podremos terminar para siempre con la explotación.
En este 30 de julio, volvemos alzar la voz:
«La trata es una violación intolerable de los derechos humanos. Pero no es inevitable. Mientras la desigualdad y la pobreza existan, seguirá habiendo personas en riesgo de ser explotadas«.
Solo erradicando sus causas podremos, algún día, decir que vivimos en un mundo más justo, más humano y más libre.
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Prensa LOV/Carmen Cecilia Guerra
Con Agencias
